Flora Cantábrica

Matias Mayor

Archivo del 5 agosto, 2022

María Faustina Kowalska

 

Lo esencial del Culto a la Divina Misericordia

 

 

Inicialmente, la devoción a la Divina Misericordia fue difundida siguiendo el modelo de las demás devociones, entre cuyas formas las más populares eran las letanías, las coronillas y las novenas. Así pues, el beato Miguel Sopoćko, confesor de Sor Faustina en Vilna, popularizó esta devoción siguiendo esas formas. En cambio, quien le dio un fundamento teológico a la devoción, según las formas transmitidas por Sor Faustina, fue el Padre Prof. Ignacy Różycki; esta tarea, la llevo a cabo para satisfacer las exigencias del proceso de beatificación de la Apóstol de la Divina Misericordia, por lo cual realizó el análisis completo de su Diario. El análisis muestra que la esencia de esta devoción es la actitud de confianza hacia Dios, que es la actitud bíblica de la fe, abandono en Dios que en la práctica significa el cumplimiento de su voluntad contenida en los mandamientos, las obligaciones de estado, las bienaventuranzas, los consejos evangélicos, y también en las inspiraciones de Espíritu Santo que cada cual va discerniendo en su vida cotidiana. La segunda condición relevante de esta devoción es la actitud de misericordia hacia el prójimo, que es lo que hace que la devoción a la Divina Misericordia no sea tan sólo una devoción, sino que exige la formación personal según la actitud evangélica del amor activo hacia los demás. Sólo sobre la base de este fundamento que consta de la confianza en Dios y de una actitud de misericordia hacia el prójimo, se pueden desarrollar las nuevas formas de culto que Jesucristo trasmitió a Sor Faustina. Entre ellas se encuentran: la imagen de Jesús Misericordioso, con la inscripción: Jesús en Ti confío, la Fiesta de la Misericordia, que se celebra el primer domingo después de Pascua, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Hora de la Misericordia y la propagación de la devoción a la Misericordia mediante su difusión. El criterio que distingue las nuevas formas de culto de las demás oraciones que fueron anotadas en el Diario de Sor Faustina son las promesas que Jesucristo ofreció a todos aquellos que las practiquen; por lo tanto, las promesas no sólo estaban destinadas a Sor Faustina, como en el caso de la jaculatoria “Oh, Sangre y Agua” o la Novena a la Divina Misericordia. La condición necesaria para poder aprovecharse de estas grandes promesas es la práctica de dichas formas de culto conforme a la esencia de esta devoción, es decir, en una actitud de confianza hacia Dios y de misericordia hacia el prójimo.

 

La confianza

 

La esencia de la devoción es la actitud de confianza en Dios, cuya fuente y motivo es la misericordia de Dios revelada en la obra de la Creación, la Redención y la gloria. Ese amor misericordioso de Dios, que todo lo ha llamado a la existencia y que mantiene toda la creación en existencia, que también se inclina sobre toda miseria humana, que permite al hombre participar en la vida de Dios ya aquí en la tierra y en la otra vida a lo largo de toda la eternidad, debería ser la razón y la motivación para tener una confianza absoluta. La confianza es la primera respuesta del hombre al amor misericordioso de Dios, que es un amor precedente, es decir, que se anticipa; la confianza es el único recipiente para tomar la gracia de Dios de su fuente. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones (Diario, 1578).

 

En los escritos de Sor Faustina, la confianza no es una de las virtudes entre otras, sino la actitud integral que el hombre debe tener hacia Dios como Padre rico en misericordia. Está condicionada por las virtudes teologales: fe, esperanza y amor, y las morales: humildad y contrición, sin las cuales es imposible confiar en Dios, porque no se puede confiar en alguien a quien no se conoce, con quien no se cuenta, a quien no se ama. Tampoco se puede confiar, si al mismo tiempo uno no conoce sus propias debilidades y no reconoce el mal que ha cometido en su propia vida. La confianza no es, pues, ni un sentimiento piadoso, ni una aceptación intelectual de las verdades de la fe, sino una actitud enraizada en la voluntad del hombre y que se expresa por el cumplimiento de la voluntad de Dios, contenida en los mandamientos, las obligaciones de estado o en las inspiraciones del Espíritu Santo que cada cual va discerniendo en su vida cotidiana. El hombre que va conociendo y descubriendo el misterio de la Divina Misericordia y que confía en Dios sabe bien que la voluntad de Dios tiene como único objetivo el bien, busca sola y exclusivamente el bien del hombre, por eso la recibe con amor, es decir, como un regalo de Dios y por eso procura cumplirla en su vida.

 

La confianza constituye la esencia misma de la devoción a la Divina Misericordia, sin la cual esta devoción no existe, porque la expresión primordial de la alabanza a la Divina Misericordia es el acto de confianza. Alabar la Divina Misericordia es, en primer lugar confiar, y después llevar a la práctica las diversas formas de culto. Además, Jesús vinculó la promesa de otorgar todas las gracias y bendiciones temporales con la confianza en la Misericordia, es decir que la confianza es la condición para poder recibirlas. Deseo conceder gracias inimaginables – le decía Jesús a Sor Faustina – a las almas que confían en Mi misericordia (Diario 687). Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada (Diario 1777). Si el hombre se acerca con confianza a la fuente de la Divina Misericordia, el pecador será justificado, y el justo será confirmado en el bien (Cf. Diario 1520). Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia – prometió Jesucristo – en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina (Cf. Diario 1520). Incluso cuando la persona en cuestión no practicase formas concretas del culto de la Divina Misericordia.

 

Actitud de misericordia hacia los demás

 

Otro elemento imprescindible en la práctica de la devoción a la Divina Misericordia es la actitud de misericordia hacia los demás. Jesucristo le dijo a Sor Faustina, y a través de ella a todo cristiano: Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mi Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte (Diario 742). De ese modo recordó una obligación cristiana básica, señalando al mismo tiempo las maneras de llevarlo a cabo: la primera es la acción, la segunda la palabra, la tercera consiste en la oración. En este punto debemos llamar la atención sobre la intención con la que se deben llevar a cabo los obras de misericordia: se deben cumplir por amor a Jesucristo, que se identifica con cada hombre, porque – como dijo – En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí (Mt 25,40).

 

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