Flora Cantábrica

Matias Mayor

Archivo del 3 julio, 2019

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3 julio, 2019 Autor: admin

San Rafael Arnáiz

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21 de diciembre de 1937 – martes

De una cosa me tengo que convencer: Todo lo que hago es por Dios. Las alegrías El me las manda; las lágrimas, Él me las pone; el alimento por Él lo tomo, y cuando duermo por Él lo hago.

 

Mi regla es su voluntad, y su deseo es mi ley; vivo porque a Él le place, moriré cuando quiera. Nada deseo fuera de Dios.

 

Que mi vida sea un “fiat” constante.

 

Que la Santísima Virgen María me ayude y me guíe en este breve camino de la vida sobre el mundo.

 

26 de diciembre de 1937 – domingo

 

 

Pobre hermano Rafael… luchar hasta morir; he ahí su destino. Ansias de cielo por un lado, y corazón humano por otro. Total… sufrimiento y cruz.

 

Pobre hermano Rafael, de corazón demasiado sensible a las cosas de las criaturas… Sufres al no ver amor y caridad entre los hombres… Sufres al no ver más que egoísmo. ¿Qué esperas de lo que es miseria y barro? Pon tu ilusión en Dios y deja a la criatura…, en ella no hallarás lo que buscas.

 

Pero, ¿y si Dios se oculta?… Qué frío hace entonces en la Trapa. La Trapa sin Dios…, no es más que una reunión de hombres.

 

Son los días de Navidad y en ellos no tengo más que una enorme soledad… Una pena muy honda… Nadie en quien reposar, enfermo y débil… Ah, Señor, y muy poca fe! Dios mío, Dios mío, eres muy bueno… Tu misericordia perdonará mis olvidos…, pero es tanto, Señor, lo que sufro, que mi flaqueza sola no lo podrá resistir.

 

Nada veo más que mi miseria y mi alma mundana con poca fe y sin amor.

 

Llegaré, Señor, hasta donde Tú quieras, pero dame fuerzas, y el socorro a su debido tiempo…, mira, Señor, lo que soy.

 

El día de Nochebuena le entregué al Señor Jesús Niño, lo último que quedaba de mi voluntad. Le entregué hasta mis más pequeños deseos… ¿Qué me queda?… Nada. Ni aun deseos de morir. Ya no soy más que una cosa en posesión de Dios. Mas Señor, ¡qué pobre cosa posees!

 

Pobre hermano Rafael…, viniste a la Trapa a sufrir…, ¿de qué te quejas?… No me quejo, Señor, pero sufro sin virtud.

 

 

Llena, Señor, mi corazón… Llénalo de eso que no me pueden dar los hombres.

 

 

Dejé mi hogar… Destrocé pedazo a pedazo mi corazón… Vacié mi alma de deseos del mundo… Me abracé a tu Cruz: ¿Qué esperas, Señor? Si lo que deseas es mi soledad, mis sufrimientos y mi desolación…, tómalo todo, Señor, nada te pido.

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