{"id":42382,"date":"2018-07-03T21:42:42","date_gmt":"2018-07-03T19:42:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.floracantabrica.com\/?p=42382"},"modified":"2022-12-26T14:54:37","modified_gmt":"2022-12-26T12:54:37","slug":"frases-del-dia-3-7-18","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.floracantabrica.com\/?p=42382","title":{"rendered":"Frases del dia 3 7 18"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/twitter.com\/share?url=https%3A%2F%2Fwww.floracantabrica.com%2F%3Fp%3D42382&amp;count=none&amp;lang=es&amp;via=lorencincoreses&amp;related=Mujerverdosa&amp;text=Frases del dia 3 7 18 - Flora Cant\u00e1brica\" class=\"twitter-share-button\">Tweet<\/a><\/p><p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n<p>,,,,,,,,,,,,<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>San Francisco de Asis<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La impresi\u00f3n de las llagas<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>&#8211;&#8230;&#8230;..<\/strong><\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-42346\" src=\"http:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image002-140.jpg\" alt=\"\" width=\"843\" height=\"401\" srcset=\"https:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image002-140.jpg 843w, https:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image002-140-300x143.jpg 300w, https:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/image002-140-768x365.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 843px) 100vw, 843px\" \/><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>&#8230;&#8230;..<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed, dos a\u00f1os antes de entregar su esp\u00edritu a Dios, o sea, en 1224, y tras haber sobrellevado tantos trabajos y fatigas, fue conducido, bajo la gu\u00eda de la divina Providencia, a un monte elevado y solitario llamado Alverna. All\u00ed dio comienzo a la cuaresma de ayuno que sol\u00eda practicar en honor del arc\u00e1ngel San Miguel, y de pronto se sinti\u00f3 recreado m\u00e1s abundantemente que de ordinario con la dulzura de la divina contemplaci\u00f3n; e, inflamado en deseos m\u00e1s ardientes del cielo, comenz\u00f3 a experimentar en s\u00ed un mayor c\u00famulo de dones y gracias divinas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Conoci\u00f3 por divina inspiraci\u00f3n que, abriendo el libro de los santos evangelios, le manifestar\u00eda Cristo lo que fuera m\u00e1s acepto a Dios en su persona y en todas sus cosas. Despu\u00e9s de una prolongada y fervorosa oraci\u00f3n, hizo que su compa\u00f1ero tomara del altar el libro sagrado de los evangelios y lo abriera tres veces en nombre de la santa Trinidad. Y como en la triple apertura apareciera siempre la pasi\u00f3n del Se\u00f1or, comprendi\u00f3 el var\u00f3n lleno de Dios que como hab\u00eda imitado a Cristo en las acciones de su vida, as\u00ed tambi\u00e9n deb\u00eda configurarse con \u00c9l en las aflicciones y dolores de la pasi\u00f3n antes de pasar de este mundo. Y aunque, por las muchas austeridades de su vida anterior y por haber llevado continuamente la cruz del Se\u00f1or, estaba ya muy debilitado en su cuerpo, no se intimid\u00f3 en absoluto, sino que se sinti\u00f3 a\u00fan m\u00e1s fuertemente animado para sufrir el martirio.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Elev\u00e1ndose, pues, a Dios a impulsos del ardor ser\u00e1fico de sus deseos y transformado por su tierna compasi\u00f3n en Aquel que a causa de su extremada caridad, quiso ser crucificado: cierta ma\u00f1ana de un d\u00eda pr\u00f3ximo a la fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz, que se festeja el 14 de septiembre, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo m\u00e1s alto del cielo a un seraf\u00edn que ten\u00eda seis alas tan \u00edgneas como resplandecientes. En vuelo rapid\u00edsimo avanz\u00f3 hacia el lugar donde se encontraba el var\u00f3n de Dios, deteni\u00e9ndose en el aire. Apareci\u00f3 entonces entre las alas la efigie de un hombre crucificado, cuyas manos y pies estaban extendidos a modo de cruz y clavados a ella. Dos alas se alzaban sobre la cabeza, dos se extend\u00edan para volar y las otras dos restantes cubr\u00edan todo su cuerpo.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Ante tal aparici\u00f3n qued\u00f3 lleno de estupor el Santo y experiment\u00f3 en su coraz\u00f3n un gozo mezclado de dolor. Se alegraba, en efecto, con aquella graciosa mirada con que se ve\u00eda contemplado por Cristo bajo la imagen de un seraf\u00edn; pero, al mismo tiempo, el verlo clavado a la cruz era como una espada de dolor compasivo que atravesaba su alma.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Estaba sumamente admirado ante una visi\u00f3n tan misteriosa, sabiendo que el dolor de la pasi\u00f3n de ning\u00fan modo pod\u00eda avenirse con la dicha inmortal de un seraf\u00edn. Por fin, el Se\u00f1or le dio a entender que aquella visi\u00f3n le hab\u00eda sido presentada as\u00ed por la divina Providencia para que el amigo de Cristo supiera de antemano que hab\u00eda de ser transformado totalmente en la imagen de Cristo crucificado no por el martirio de la carne, sino por el incendio de su esp\u00edritu. As\u00ed sucedi\u00f3, porque al desaparecer la visi\u00f3n dej\u00f3 en su coraz\u00f3n un ardor maravilloso, y no fue menos maravillosa la efigie de las se\u00f1ales que imprimi\u00f3 en su carne.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>As\u00ed, pues, al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las se\u00f1ales de los clavos, tal como lo hab\u00eda visto poco antes en la imagen del var\u00f3n crucificado. Se ve\u00edan las manos y los pies atravesados en la mitad por los clavos, de tal modo que las cabezas de los clavos estaban en la parte inferior de las manos y en la superior de los pies, mientras que las puntas de los mismos se hallaban al lado contrario. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras en las manos y en los pies; las puntas, formadas de la misma carne y sobresaliendo de ella, aparec\u00edan alargadas, retorcidas y como remachadas. As\u00ed, tambi\u00e9n el costado derecho, como si hubiera sido traspasado por una lanza, escond\u00eda una roja cicatriz, de la cual manaba frecuentemente sangre sagrada, empapando la t\u00fanica y los calzones.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Despu\u00e9s que el verdadero amor de Cristo hab\u00eda transformado en su propia imagen a este amante suyo, t<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tweet&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. ,,,,,,,,,,,, San Francisco de Asis . 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