{"id":54383,"date":"2023-02-23T11:24:48","date_gmt":"2023-02-23T09:24:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.floracantabrica.com\/?p=54383"},"modified":"2023-03-16T21:09:20","modified_gmt":"2023-03-16T19:09:20","slug":"san-francisco-nacio-en-asis-espanol-23-2-23","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.floracantabrica.com\/?p=54383","title":{"rendered":"San Francisco naci\u00f3 en As\u00eds Espa\u00f1ol.23. 2. 23,,"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/twitter.com\/share?url=http%3A%2F%2Fwww.floracantabrica.com%2F%3Fp%3D54383&amp;count=none&amp;lang=es&amp;via=lorencincoreses&amp;related=Mujerverdosa&amp;text=San Francisco naci\u00f3 en As\u00eds Espa\u00f1ol.23. 2. 23,, - Flora Cant\u00e1brica\" class=\"twitter-share-button\">Tweet<\/a><\/p><p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>San Francisco naci\u00f3 en As\u00eds<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>. El homenaje de un hombre simple (LM 1,1)<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">San Francisco naci\u00f3 en As\u00eds el a\u00f1o 1182, de padres ricos y burgueses, comerciantes en telas, Pedro Bernardone y madonna Pica. En su juventud se cri\u00f3 en un ambiente de mundanidad y se dedic\u00f3, despu\u00e9s de adquirir un cierto conocimiento de las letras, a los negocios lucrativos del comercio. Fue un joven alegre y aficionado a las fiestas, pero dentro de la correcci\u00f3n y la honestidad, y por m\u00e1s que se dedicara al lucro conviviendo entre avaros mercaderes, jam\u00e1s puso su confianza en el dinero y en las riquezas. Dios hab\u00eda infundido en lo m\u00e1s \u00edntimo del joven Francisco una cierta compasi\u00f3n generosa hacia los pobres, la cual, creciendo con \u00e9l desde la infancia, llen\u00f3 su coraz\u00f3n de tanta benignidad, que convertido ya en un oyente no sordo del Evangelio, se propuso dar limosna a todo el que se la pidiere, m\u00e1xime si alegaba para ello el motivo del amor de Dios.<\/span><\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong> La donaci\u00f3n de la capa\u00a0<\/strong><\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Una vez\u00a0le sali\u00f3 al encuentro un caballero noble, pero pobre y mal vestido. A la vista de aquella pobreza, se sinti\u00f3 conmovido su compasivo coraz\u00f3n, y, despoj\u00e1ndose inmediatamente de sus atav\u00edos, visti\u00f3 con ellos al pobre, cumpliendo as\u00ed, a la vez, una doble obra de misericordia: cubrir la verg\u00fcenza de un noble caballero y remediar la necesidad de un pobre<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La oraci\u00f3n ante el Crucifijo de San Dami\u00e1n<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero, trayendo a la memoria el prop\u00f3sito de perfecci\u00f3n que hab\u00eda hecho y recordando que para ser caballero de Cristo deb\u00eda, ante todo, vencerse a s\u00ed mismo, se ape\u00f3 del caballo y corri\u00f3 a besar al leproso. Desde entonces buscaba la soledad y se dedicaba por completo a la oraci\u00f3n. Se revisti\u00f3 del esp\u00edritu de pobreza, del sentimiento de la humildad y del afecto de una tierna compasi\u00f3n hacia los leprosos, los mendigos, los sacerdotes pobres y cuantos sufrieran.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Sali\u00f3 un d\u00eda Francisco al campo a meditar, y al pasear junto a la iglesia de San Dami\u00e1n, cuya vetusta f\u00e1brica amenazaba ruina, entr\u00f3 en ella, movido por el Esp\u00edritu, a hacer oraci\u00f3n; y mientras oraba postrado ante la imagen del Crucificado, de pronto se sinti\u00f3 inundado de una gran consolaci\u00f3n espiritual. Fij\u00f3 sus ojos, arrasados en l\u00e1grimas, en la cruz del Se\u00f1or, y he aqu\u00ed que oy\u00f3 con sus o\u00eddos corporales una voz procedente de la misma cruz que le dijo tres veces: \u00ab\u00a1Francisco, vete y repara mi casa, que, como ves, est\u00e1 a punto de arruinarse toda ella!\u00bb Qued\u00f3 estremecido Francisco, pues estaba solo en la iglesia, al percibir voz tan maravillosa, y, sintiendo en su coraz\u00f3n el poder de la palabra divina, fue arrebatado en \u00e9xtasis. Vuelto en s\u00ed, se dispone a obedecer, y concentra todo su esfuerzo en la decisi\u00f3n de reparar materialmente la iglesia, aunque la voz divina se refer\u00eda principalmente a la reparaci\u00f3n de la Iglesia que Cristo adquiri\u00f3 con su sangre.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed, pues, se levant\u00f3, arm\u00e1ndose con la se\u00f1al de la cruz, tom\u00f3 consigo diversos pa\u00f1os dispuestos para la venta y se dirigi\u00f3 apresuradamente a la ciudad de Foligno, y all\u00ed lo vendi\u00f3 todo, incluso el caballo en que montaba. Tomando su precio, vuelve a la ciudad de As\u00eds y se dirige a la iglesia, cuya reparaci\u00f3n se le hab\u00eda ordenado. Entr\u00f3 devotamente en su recinto, y, encontrando all\u00ed a un pobrecillo sacerdote, tras rendirle cort\u00e9s reverencia, le ofreci\u00f3 el dinero obtenido a fin de que lo destinara para la reparaci\u00f3n de la iglesia y el alivio de los pobres. Luego le pidi\u00f3 humildemente que le permitiera convivir por alg\u00fan tiempo en su compa\u00f1\u00eda. Accedi\u00f3 el sacerdote al deseo de Francisco de morar en su casa, pero rechaz\u00f3 el dinero por temor a los padres. Entonces el Santo lo arroj\u00f3 sin m\u00e1s a una ventana.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0La renuncia a los bienes\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando el padre de Francisco se enter\u00f3 de lo que hab\u00eda hecho su hijo, corri\u00f3, todo enfurecido, a San Dami\u00e1n. Francisco, al o\u00edr los gritos y amenazas, se escondi\u00f3 en una cueva. Unos d\u00edas m\u00e1s tarde se reproch\u00f3 su cobard\u00eda, abandon\u00f3 el escondite y march\u00f3 a la ciudad de As\u00eds. Sus conciudadanos, al verlo en el extra\u00f1o talante que presentaba, lo tomaron por loco. Tan pronto como el padre oy\u00f3 el clamor del gent\u00edo, acudi\u00f3 presuroso y sin conmiseraci\u00f3n lo arrastr\u00f3 a casa, lo azot\u00f3 y lo encerr\u00f3 encadenado. En medio de tanta adversidad, Francisco, lleno de profunda alegr\u00eda, daba gracias a Dios y se sent\u00eda m\u00e1s dispuesto y valiente para llevar a cabo lo que hab\u00eda emprendido. No mucho despu\u00e9s se vio precisado el padre a ausentarse de As\u00eds, y la madre libr\u00f3 al hijo de la prisi\u00f3n, dej\u00e1ndole partir. Francisco retorn\u00f3 al lugar en que hab\u00eda morado antes.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero volvi\u00f3 el padre, y, al no encontrar en casa a su hijo, corri\u00f3 bramando al lugar indicado para conseguir, si no pod\u00eda apartarlo de su prop\u00f3sito, al menos alejarlo de la provincia. Francisco, confortado por Dios, sali\u00f3 espont\u00e1neamente al encuentro de su enfurecido padre y le manifest\u00f3 que estaba dispuesto a sufrir con alegr\u00eda cualquier mal por el nombre de Cristo. Viendo el padre que le era del todo imposible cambiarle de su intento, dirigi\u00f3 sus esfuerzos a recuperar el dinero. Y, habi\u00e9ndolo encontrado, por fin, en el nicho de una peque\u00f1a ventana, se apacigu\u00f3 un tanto su furor<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Intentaba despu\u00e9s el padre llevar al hijo ante la presencia del obispo de la ciudad, para que en sus manos renunciara a los derechos de la herencia paterna y le devolviera todo lo que ten\u00eda. Se manifest\u00f3 muy dispuesto a ello Francisco y, llegando a la presencia del obispo, no se detiene ni vacila por nada, no espera \u00f3rdenes ni profiere palabra alguna, sino que inmediatamente se despoja de todos sus vestidos y se los devuelve al padre. Adem\u00e1s, ebrio de un maravilloso fervor de esp\u00edritu, se quita hasta los calzones y se presenta ante todos totalmente desnudo, diciendo al mismo tiempo a su padre: \u00abHasta el presente te he llamado padre en la tierra, pero de aqu\u00ed en adelante puedo decir con absoluta confianza:\u00a0<em>Padre nuestro, que est\u00e1s en los cielos,<\/em>\u00a0en quien he depositado todo mi tesoro y toda la seguridad de mi esperanza\u00bb<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Al contemplar esta escena el obispo, admirado del extraordinario fervor del siervo de Dios, se levant\u00f3 al instante y llorando lo acogi\u00f3 entre sus brazos y lo cubri\u00f3 con el manto que \u00e9l mismo vest\u00eda.<\/strong>\u00a0Orden\u00f3 luego a los suyos que le proporcionaran alguna ropa para cubrir los miembros de aquel cuerpo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0El sue\u00f1o de Inocencio III<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">No tardaron en unirse a Francisco muchos compa\u00f1eros. El primero fue Bernardo de Quitaval, al que siguieron Pedro Cattani, Gil, Silvestre y otros. Viendo el siervo de Cristo que poco a poco iba creciendo el n\u00famero de los hermanos, escribi\u00f3 con palabras sencillas una peque\u00f1a forma de vida o regla, en la que puso como fundamento inquebrantable la observancia del santo Evangelio, e insert\u00f3 otras pocas cosas que parec\u00edan necesarias para un modo uniforme de vida. Deseando, empero, que su escrito obtuviera la aprobaci\u00f3n del sumo pont\u00edfice, decidi\u00f3 presentarse con aquel grupo de hombres sencillos ante la Sede Apost\u00f3lica, confiando \u00fanicamente en la protecci\u00f3n divina.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En Roma encontraron al obispo de As\u00eds, Guido, quien, enterado de lo que se propon\u00edan conseguir, se alegr\u00f3 mucho, y empe\u00f1\u00f3 su palabra de ayudarles con sus consejos y recursos. El obispo hab\u00eda hablado ya al cardenal Juan de San Pablo, hombre importante en la curia papal, de la vida del bienaventurado Francisco y de sus hermanos, y estas noticias hab\u00edan hecho nacer en el cardenal el deseo de ver al var\u00f3n de Dios y a algunos de sus hermanos. As\u00ed que, cuando se enter\u00f3 de que estaban en Roma, los hizo llamar, los hosped\u00f3 en su casa y, edificado de sus palabras y ejemplos, los recomend\u00f3 ante el papa.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando fueron introducidos a la presencia del sumo pont\u00edfice, Francisco le expuso su objetivo, pidi\u00e9ndole humilde y encarecidamente le aprobara la sobredicha forma de vida. Al observar Inocencio III la admirable pureza y simplicidad de alma del var\u00f3n de Dios, el decidido prop\u00f3sito y el encendido fervor de su santa voluntad, se sinti\u00f3 inclinado a acceder piadosamente a sus peticiones. Con todo, difiri\u00f3 dar cumplimiento a la s\u00faplica del pobrecillo de Cristo, dado que a algunos de los cardenales les parec\u00eda una cosa nueva y tan ardua, que sobrepujaba las fuerzas humanas. Intervino el cardenal Juan de San Pablo advirti\u00e9ndoles: \u00abSi rechazamos la demanda de este pobre que no pide sino la confirmaci\u00f3n de la forma de vida evang\u00e9lica, guard\u00e9monos de inferir con ello una injuria al mismo Evangelio de Cristo\u00bb. Al o\u00edr tales consideraciones, volvi\u00f3se al pobre de Cristo el sucesor del ap\u00f3stol Pedro y le dijo: \u00abRuega, hijo, a Cristo que por tu medio nos manifieste su voluntad, a fin de que, conocida m\u00e1s claramente, podamos acceder con mayor seguridad a tus piadosos deseos\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Adem\u00e1s les manifest\u00f3 el papa Inocencio una visi\u00f3n celestial que hab\u00eda tenido esos mismos d\u00edas, asegurando que habr\u00eda de cumplirse en Francisco. En efecto, refiri\u00f3 haber visto en sue\u00f1os c\u00f3mo estaba a punto de derrumbarse la bas\u00edlica lateranense y que un hombre pobrecito, de peque\u00f1a estatura y de aspecto despreciable, la sosten\u00eda arrimando sus hombros a fin de que no viniese a tierra. Y exclam\u00f3: \u00ab\u00c9ste es, en verdad, el hombre que con sus obras y su doctrina sostendr\u00e1 a la Iglesia de Cristo\u00bb<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La aprobaci\u00f3n de la Regla por Inocencio III<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Por eso, lleno de singular devoci\u00f3n, Inocencio accedi\u00f3 en todo a la petici\u00f3n del siervo de Cristo, y desde entonces le profes\u00f3 siempre un afecto especial. De modo que le otorg\u00f3 todo lo que le hab\u00eda pedido y le prometi\u00f3 que le conceder\u00eda todav\u00eda mucho m\u00e1s. Aprob\u00f3 la Regla, concedi\u00f3 al siervo de Dios y a todos los hermanos laicos que le acompa\u00f1aban la facultad de predicar la penitencia y orden\u00f3 que se les hiciera la tonsura para que libremente pudieran predicar la palabra de Dios.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La visi\u00f3n del carro de fuego\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>A eso de media noche, sucedi\u00f3 de pronto que, estando Francisco corporalmente ausente de sus hijos, algunos de los cuales descansaban y otros perseveraban en oraci\u00f3n, penetr\u00f3 por la puerta de la casucha de los hermanos un carro de fuego de admirable resplandor que dio tres vueltas a lo largo de la estancia; sobre el mismo carro se alzaba un globo luminoso, que, ostentando el aspecto del sol, iluminaba la oscuridad de la noche.<\/strong><\/span><\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><br \/>\n<\/strong><strong> La renuncia a los bienes (LM 2,4)<\/strong><\/span><\/li>\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando el padre de Francisco se enter\u00f3 de lo que hab\u00eda hecho su hijo, corri\u00f3, todo enfurecido, a San Dami\u00e1n. Francisco, al o\u00edr los gritos y amenazas, se escondi\u00f3 en una cueva. Unos d\u00edas m\u00e1s tarde se reproch\u00f3 su cobard\u00eda, abandon\u00f3 el escondite y march\u00f3 a la ciudad de As\u00eds. Sus conciudadanos, al verlo en el extra\u00f1o talante que presentaba, lo tomaron por loco. Tan pronto como el padre oy\u00f3 el clamor del gent\u00edo, acudi\u00f3 presuroso y sin conmiseraci\u00f3n lo arrastr\u00f3 a casa, lo azot\u00f3 y lo encerr\u00f3 encadenado. En medio de tanta adversidad, Francisco, lleno de profunda alegr\u00eda, daba gracias a Dios y se sent\u00eda m\u00e1s dispuesto y valiente para llevar a cabo lo que hab\u00eda emprendido. No mucho despu\u00e9s se vio precisado el padre a la madre libr\u00f3 al hijo de la prisi\u00f3n, dej\u00e1ndole partir. Francisco retorn\u00f3 al lugar en que ausentarse de As\u00eds, y hab\u00eda morado antes.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero volvi\u00f3 el padre, y, al no encontrar en casa a su hijo, corri\u00f3 bramando al lugar indicado para conseguir, si no pod\u00eda apartarlo de su prop\u00f3sito, al menos alejarlo de la provincia. Francisco, confortado por Dios, sali\u00f3 espont\u00e1neamente al encuentro de su enfurecido padre y le manifest\u00f3 que estaba dispuesto a sufrir con alegr\u00eda cualquier mal por el nombre de Cristo. Viendo el padre que le era del todo imposible cambiarle de su intento, dirigi\u00f3 sus esfuerzos a recuperar el dinero. Y, habi\u00e9ndolo encontrado, por fin, en el nicho de una peque\u00f1a ventana, se apacigu\u00f3 un tanto su furor.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Intentaba despu\u00e9s el padre llevar al hijo ante la presencia del obispo de la ciudad, para que en sus manos renunciara a los derechos de la herencia paterna y le devolviera todo lo que ten\u00eda. Se manifest\u00f3 muy dispuesto a ello Francisco y, llegando a la presencia del obispo, no se detiene ni vacila por nada, no espera \u00f3rdenes ni profiere palabra alguna, sino que inmediatamente se despoja de todos sus vestidos y se los devuelve al padre. Adem\u00e1s, ebrio de un maravilloso fervor de esp\u00edritu, se quita hasta los calzones y se presenta ante todos totalmente desnudo, diciendo al mismo tiempo a su padre: \u00abHasta el presente te he llamado padre en la tierra, pero de aqu\u00ed en adelante puedo decir con absoluta confianza:\u00a0<em>Padre nuestro, que est\u00e1s en los cielos,<\/em>\u00a0en quien he depositado todo mi tesoro y toda la seguridad de mi esperanza\u00bb.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Al contemplar esta escena el obispo, admirado del extraordinario fervor del siervo de Dios, se levant\u00f3 al instante y llorando lo acogi\u00f3 entre sus brazos y lo cubri\u00f3 con el manto que \u00e9l mismo vest\u00eda.<\/strong>\u00a0Orden\u00f3 luego a los suyos que le proporcionaran alguna ropa para cubrir los miembros de aquel cuerpo. En seguida le presentaron un manto corto, pobre y vil, perteneciente a un labriego que estaba al servicio del obispo. Francisco lo acept\u00f3 muy agradecido.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Despu\u00e9s, desembarazado ya de la atracci\u00f3n de los deseos mundanos, deja Francisco la ciudad de As\u00eds y se retira a la soledad para escuchar solo y en silencio la voz misteriosa del cielo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">* * * * *<\/span><\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong> El sue\u00f1o de Inocencio III (LM 3,10)<\/strong><\/span><\/li>\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Asentado ya Francisco en la humildad de Cristo, trae a la memoria la orden que se le dio desde el Crucifijo de reparar la iglesia de San Dami\u00e1n, y, como verdadero obediente, vuelve a As\u00eds, dispuesto a someterse a la voz divina, al menos mendigando lo necesario para dicha restauraci\u00f3n, a la que sigui\u00f3 la de otra iglesia, dedicada a San Pedro, y la de Santa Mar\u00eda de la Porci\u00fancula.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">No tardaron en unirse a Francisco muchos compa\u00f1eros. El primero fue Bernardo de Quitaval, al que siguieron Pedro Cattani, Gil, Silvestre y otros. Viendo el siervo de Cristo que poco a poco iba creciendo el n\u00famero de los hermanos, escribi\u00f3 con palabras sencillas una peque\u00f1a forma de vida o regla, en la que puso como fundamento inquebrantable la observancia del santo Evangelio, e insert\u00f3 otras pocas cosas que parec\u00edan necesarias para un modo uniforme de vida. Deseando, empero, que su escrito obtuviera la aprobaci\u00f3n del sumo pont\u00edfice, decidi\u00f3 presentarse con aquel grupo de hombres sencillos ante la Sede Apost\u00f3lica, confiando \u00fanicamente en la protecci\u00f3n divina.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En Roma encontraron al obispo de As\u00eds, Guido, quien, enterado de lo que se propon\u00edan conseguir, se alegr\u00f3 mucho, y empe\u00f1\u00f3 su palabra de ayudarles con sus consejos y recursos. El obispo hab\u00eda hablado ya al cardenal Juan de San Pablo, hombre importante en la curia papal, de la vida del bienaventurado Francisco y de sus hermanos, y estas noticias hab\u00edan hecho nacer en el cardenal el deseo de ver al var\u00f3n de Dios y a algunos de sus hermanos. As\u00ed que, cuando se enter\u00f3 de que estaban en Roma, los hizo llamar, los hosped\u00f3 en su casa y, edificado de sus palabras y ejemplos, los recomend\u00f3 ante el papa.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando fueron introducidos a la presencia del sumo pont\u00edfice, Francisco le expuso su objetivo, pidi\u00e9ndole humilde y encarecidamente le aprobara la sobredicha forma de vida. Al observar Inocencio III la admirable pureza y simplicidad de alma del var\u00f3n de Dios, el decidido prop\u00f3sito y el encendido fervor de su santa voluntad, se sinti\u00f3 inclinado a acceder piadosamente a sus peticiones. Con todo, difiri\u00f3 dar cumplimiento a la s\u00faplica del pobrecillo de Cristo, dado que a algunos de los cardenales les parec\u00eda una cosa nueva y tan ardua, que sobrepujaba las fuerzas humanas. Intervino el cardenal Juan de San Pablo advirti\u00e9ndoles: \u00abSi rechazamos la demanda de este pobre que no pide sino la confirmaci\u00f3n de la forma de vida evang\u00e9lica, guard\u00e9monos de inferir con ello una injuria al mismo Evangelio de Cristo\u00bb. Al o\u00edr tales consideraciones, volvi\u00f3se al pobre de Cristo el sucesor del ap\u00f3stol Pedro y le dijo: \u00abRuega, hijo, a Cristo que por tu medio nos manifieste su voluntad, a fin de que, conocida m\u00e1s claramente, podamos acceder con mayor seguridad a tus piadosos deseos\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Se retiraron de la presencia papal Francisco y los suyos, y el Santo, entregado a la oraci\u00f3n, lleg\u00f3 al conocimiento de lo que deb\u00eda decirle al papa. Y en efecto, cuando se presentaron de nuevo al sumo pont\u00edfice, Francisco le narr\u00f3 la par\u00e1bola de un rey rico que se complaci\u00f3 en casarse con una mujer hermosa pero pobre, de la que tuvo muchos hijos, a\u00f1adiendo su interpretaci\u00f3n: \u00abNo hay por qu\u00e9 temer que perezcan de hambre los hijos y herederos del Rey eterno&#8230;\u00bb. Escuch\u00f3 con gran atenci\u00f3n el Vicario de Cristo esta par\u00e1bola y su interpretaci\u00f3n, quedando profundamente admirado; y reconoci\u00f3 que, sin duda alguna, Cristo hab\u00eda hablado por boca de aquel hombre.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Adem\u00e1s les manifest\u00f3 el papa Inocencio una visi\u00f3n celestial que hab\u00eda tenido esos mismos d\u00edas, asegurando que habr\u00eda de cumplirse en Francisco. En efecto, refiri\u00f3 haber visto en sue\u00f1os c\u00f3mo estaba a punto de derrumbarse la bas\u00edlica lateranense y que un hombre pobrecito, de peque\u00f1a estatura y de aspecto despreciable, la sosten\u00eda arrimando sus hombros a fin de que no viniese a tierra. Y exclam\u00f3: \u00ab\u00c9ste es, en verdad, el hombre que con sus obras y su doctrina sostendr\u00e1 a la Iglesia de Cristo\u00bb.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">* * * * *<\/span><\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong> La aprobaci\u00f3n de la Regla por Inocencio III (LM 3,10)<\/strong><\/span><\/li>\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Inocencio III hab\u00eda quedado impresionado por las palabras del Cardenal Juan de San Pablo en favor del proyecto de Francisco: \u00abSi rechazamos la demanda de este pobre como cosa del todo nueva y en extremo ardua, siendo as\u00ed que no pide sino la confirmaci\u00f3n de la forma de vida evang\u00e9lica, guard\u00e9monos de inferir con ello una injuria al mismo Evangelio de Cristo. Pues si alguno llegare a afirmar que dentro de la observancia de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica o en el deseo de la misma se contiene algo nuevo, irracional o imposible de cumplir, ser\u00eda convicto de blasfemo contra Cristo, autor del Evangelio\u00bb. Luego, qued\u00f3 admirado el pont\u00edfice al o\u00edr de boca de Francisco la interpretaci\u00f3n de la par\u00e1bola antes referida de los hijos del rey y de la mujer pobre: \u00abNo hay por qu\u00e9 temer que perezcan de hambre los hijos y herederos del Rey eterno, los cuales -nacidos, por virtud del Esp\u00edritu Santo, de una madre pobre, a imagen de Cristo Rey- han de ser engendrados en una religi\u00f3n pobrecilla por el esp\u00edritu de la pobreza. Pues si el Rey de los cielos promete a sus seguidores el reino eterno, \u00bfcon cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n les suministrar\u00e1 todo aquello que com\u00fanmente concede a buenos y malos?\u00bb Finalmente, al reconocer en Francisco al hombre que sosten\u00eda la bas\u00edlica ruinosa, el papa qued\u00f3 convencido de que all\u00ed estaba la mano de Dios.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Por eso, lleno de singular devoci\u00f3n, Inocencio accedi\u00f3 en todo a la petici\u00f3n del siervo de Cristo, y desde entonces le profes\u00f3 siempre un afecto especial. De modo que le otorg\u00f3 todo lo que le hab\u00eda pedido y le prometi\u00f3 que le conceder\u00eda todav\u00eda mucho m\u00e1s. Aprob\u00f3 la Regla, concedi\u00f3 al siervo de Dios y a todos los hermanos laicos que le acompa\u00f1aban la facultad de predicar la penitencia y orden\u00f3 que se les hiciera la tonsura para que libremente pudieran predicar la palabra de Dios.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">El aprobar oralmente una regla, como hizo Inocencio en esta ocasi\u00f3n, no significaba entonces una especie de simple tolerancia. Ven\u00eda a ser una verdadera aprobaci\u00f3n, gracias a la cual no afect\u00f3 despu\u00e9s a los hermanos menores la prohibici\u00f3n de que se redactaran nuevas reglas mon\u00e1sticas, dictada por el concilio IV de Letr\u00e1n en 1215, prohibici\u00f3n que s\u00ed afect\u00f3, por ejemplo, a la Orden de Santo Domingo. Por otra parte, la tonsura de los hermanos los constitu\u00eda cl\u00e9rigos, sustray\u00e9ndolos a la jurisdicci\u00f3n de los pr\u00edncipes y poni\u00e9ndolos bajo la tutela de la Iglesia.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">* * * * *<\/span><\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong> La visi\u00f3n del carro de fuego (LM 4,4)<\/strong><\/span><\/li>\n<li><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Obtenida la aprobaci\u00f3n de la Regla, emprendi\u00f3 Francisco con gran confianza el viaje de retorno hacia el valle de Espoleto, dispuesto ya a practicar y ense\u00f1ar el Evangelio de Cristo. Durante el camino iba conversando con sus compa\u00f1eros sobre el modo de observar fielmente la Regla recibida, sobre la manera de proceder ante Dios en toda santidad y justicia y c\u00f3mo podr\u00edan ser de provecho para s\u00ed mismos y servir de ejemplo a los dem\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Ya en el valle de Espoleto, se pusieron a deliberar sobre la cuesti\u00f3n de si deb\u00edan vivir en medio de la gente o m\u00e1s bien retirarse a lugares solitarios. Francisco acudi\u00f3 a la oraci\u00f3n e iluminado por Dios lleg\u00f3 a comprender que \u00e9l hab\u00eda sido enviado por el Se\u00f1or a fin de que ganase para Cristo las almas que el diablo se esforzaba en arrebatarle. Por eso prefiri\u00f3 vivir para bien de todos los dem\u00e1s antes que para s\u00ed solo, estimulado por el ejemplo de Aquel que se dign\u00f3 morir \u00e9l solo por todos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En consecuencia, se recogi\u00f3 con sus compa\u00f1eros en un tugurio abandonado, Rivo Torto, cerca de la ciudad de As\u00eds. All\u00ed se manten\u00edan al dictado de la santa pobreza y se entregaban de continuo a las preces divinas. Los hermanos suplicaron a Francisco que les ense\u00f1ase a orar, y \u00e9l les dijo: \u00abCuando or\u00e9is decid: \u00abPadre nuestro\u00bb, y tambi\u00e9n: \u00abTe adoramos, Cristo, en todas las iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo\u00bb\u00bb. Les ense\u00f1aba, adem\u00e1s, a alabar a Dios en y por todas las criaturas, a honrar con especial reverencia a los sacerdotes, a creer firmemente y confesar con sencillez las verdades de la fe tal y como sostiene y ense\u00f1a la santa Iglesia romana.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Mientras moraban los hermanos en el referido lugar, un d\u00eda de s\u00e1bado se fue el santo var\u00f3n a As\u00eds para predicar, seg\u00fan su costumbre, el domingo por la ma\u00f1ana en la iglesia catedral. Pernoctaba, como otras veces, entregado a la oraci\u00f3n, en un tugurio sito en el huerto de los can\u00f3nigos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>A eso de media noche, sucedi\u00f3 de pronto que, estando Francisco corporalmente ausente de sus hijos, algunos de los cuales descansaban y otros perseveraban en oraci\u00f3n, penetr\u00f3 por la puerta de la casucha de los hermanos un carro de fuego de admirable resplandor que dio tres vueltas a lo largo de la estancia; sobre el mismo carro se alzaba un globo luminoso, que, ostentando el aspecto del sol, iluminaba la oscuridad de la noche.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Quedaron at\u00f3nitos los que estaban en vela, se despertaron llenos de terror los dormidos, y todos comprendieron que hab\u00eda sido el mismo Santo, ausente en el cuerpo, pero presente en el esp\u00edritu y transfigurado en aquella imagen, el que les hab\u00eda sido mostrado por el Se\u00f1or en el luminoso carro de fuego<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La visi\u00f3n de los tronos celestes\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Y como quiera que, tanto en s\u00ed como en todos sus s\u00fabditos, prefer\u00eda Francisco la humildad a los honores, Dios, que ama a los humildes, lo juzgaba digno de los puestos m\u00e1s encumbrados, seg\u00fan le fue revelado en una visi\u00f3n celestial a un hermano, Fray Pac\u00edfico, var\u00f3n de notable virtud y devoci\u00f3n. Iba dicho hermano acompa\u00f1ando al Santo, y, al orar con \u00e9l muy fervorosamente en una iglesia abandonada de Bovara, fue arrebatado en \u00e9xtasis, y vio en el cielo muchos tronos, y entre ellos uno m\u00e1s relevante, adornado con piedras preciosas y todo resplandeciente de gloria. Admirado de tal esplendor, comenz\u00f3 a averiguar con ansiosa curiosidad a qui\u00e9n corresponder\u00eda ocupar dicho trono. En esto oy\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u00abEste trono perteneci\u00f3 a uno de los \u00e1ngeles ca\u00eddos, y ahora est\u00e1 reservado para el humilde Francisco\u00bb.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0La prueba del fuego ante el Sult\u00e1n<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>De hecho, observando el sult\u00e1n el admirable fervor y virtud del hombre de Dios, lo escuch\u00f3 con gusto y lo invit\u00f3 insistentemente a permanecer consigo. Pero el siervo de Cristo, inspirado de lo alto, le respondi\u00f3: \u00abSi os resolv\u00e9is a convertiros a Cristo t\u00fa y tu pueblo, muy gustoso permanecer\u00e9 por su amor en vuestra compa\u00f1\u00eda. Mas, si dudas en abandonar la ley de Mahoma a cambio de la fe de Cristo, manda encender una gran hoguera, y yo entrar\u00e9 en ella junto con tus sacerdotes, para que as\u00ed conozcas cu\u00e1l de las dos creencias ha de ser tenida, sin duda, como m\u00e1s segura y santa\u00bb. Respondi\u00f3 el sult\u00e1n: \u00abNo creo que entre mis sacerdotes haya alguno que por defender su fe quiera exponerse a la prueba del fuego, ni que est\u00e9 dispuesto a sufrir cualquier otro tormento\u00bb. Hab\u00eda observado, en efecto, que uno de sus sacerdotes, hombre \u00edntegro y avanzado en edad, tan pronto como oy\u00f3 hablar del asunto, desapareci\u00f3 de su presencia.\u00a0Entonces, el Santo le hizo esta proposici\u00f3n: \u00abSi en tu nombre y en el de tu pueblo me quieres prometer que os convertir\u00e9is al culto de Cristo si salgo ileso del fuego, entrar\u00e9 yo solo a la hoguera. Si el fuego me consume, imp\u00fatese a mis pecados; pero, si me protege el poder divino, reconocer\u00e9is a Cristo, fuerza y sabidur\u00eda de Dios, verdadero Dios y Se\u00f1or, salvador de todos los hombres\u00bb.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Viendo el sult\u00e1n en este santo var\u00f3n un despreciador tan perfecto de los bienes de la tierra, se admir\u00f3 mucho de ello y se sinti\u00f3 atra\u00eddo hacia \u00e9l con mayor devoci\u00f3n y afecto<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>El milagro de la fuente<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En cierta ocasi\u00f3n quiso Francisco trasladarse al eremitorio del monte Alverna para dedicarse all\u00ed m\u00e1s libremente a la contemplaci\u00f3n; pero, como ya estaba muy d\u00e9bil, se hizo llevar en el asnillo de un pobre campesino. Era un d\u00eda caluroso de verano. El hombre sub\u00eda a la monta\u00f1a siguiendo al siervo de Cristo, y, cansado por la \u00e1spera y larga caminata, se sinti\u00f3 desfallecer por una sed abrasadora. En esto comenz\u00f3 a gritar insistentemente detr\u00e1s del Santo: \u00ab\u00a1Eh, que me muero de sed, me muero si inmediatamente no tomo para refrigerio algo de beber!\u00bb<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Sin tardanza, se ape\u00f3 del jumentillo el hombre de Dios, e, hincadas las rodillas en tierra y alzadas las manos al cielo, no ces\u00f3 de orar hasta que comprendi\u00f3 haber sido escuchado. Acabada la oraci\u00f3n, dijo al hombre: \u00abCorre a aquella roca y encontrar\u00e1s all\u00ed agua viva, que Cristo en este momento ha sacado misericordiosamente de la piedra para que bebas\u00bb<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Bebi\u00f3 el hombre sediento del agua brotada de la piedra en virtud de la oraci\u00f3n del Santo y extrajo el l\u00edquido de una roca dur\u00edsima. No hubo all\u00ed antes ninguna corriente de agua; ni, por m\u00e1s diligencias que se han hecho, se ha podido encontrar posteriormente.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La predicaci\u00f3n a las aves (<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Acerc\u00e1ndose a Bevagna, lleg\u00f3 a un lugar donde se hab\u00eda reunido una gran multitud de aves de toda especie. Al verlas el santo de Dios, corri\u00f3 presuroso a aquel sitio y salud\u00f3 a las aves como si estuvieran dotadas de raz\u00f3n. Todas se le quedaron en actitud expectante, con los ojos fijos en \u00e9l, de modo que las que se hab\u00edan posado sobre los \u00e1rboles, inclinando sus cabecitas, lo miraban de un modo ins\u00f3lito al verlo aproximarse hacia ellas. Y, dirigi\u00e9ndose a las aves, las exhort\u00f3 encarecidamente a escuchar la palabra de Dios, y les dijo: \u00abMis hermanas avecillas, mucho deb\u00e9is alabar a vuestro Creador, que os ha revestido de plumas y os ha dado alas para volar, os ha otorgado el aire puro y os sustenta y gobierna, sin preocupaci\u00f3n alguna de vuestra parte\u00bb.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La muerte del caballero de Celano<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En cierta ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de haber regresado, en la primavera de 1220, de su viaje a Siria y Egipto, lleg\u00f3 a Celano a predicar; y all\u00ed un devoto caballero le invit\u00f3 insistentemente a quedarse a comer con \u00e9l. Vino, pues, a su casa, y toda la familia se llen\u00f3 de gozo a la llegada de los pobres hu\u00e9spedes. Pero, antes de ponerse a comer, San Francisco, siguiendo su costumbre, se detuvo un poco con los ojos elevados al cielo, dirigiendo a Dios s\u00faplicas y alabanzas. Al concluir la oraci\u00f3n llam\u00f3 aparte en confianza al bondadoso se\u00f1or que lo hab\u00eda hospedado y le habl\u00f3 as\u00ed: \u00abMira, hermano hu\u00e9sped; vencido por tus s\u00faplicas, he entrado en tu casa para comer. Ahora, pues, escucha y sigue con presteza mis consejos, porque no es aqu\u00ed, sino en otro lugar, donde vas a comer hoy. Confiesa en seguida tus pecados con esp\u00edritu de sincero arrepentimiento y que en tu conciencia no quede nada que haya de manifestarse en una buena confesi\u00f3n. Hoy mismo te recompensar\u00e1 el Se\u00f1or la obra de haber acogido con tanta devoci\u00f3n a sus pobres\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Aquel se\u00f1or puso inmediatamente en pr\u00e1ctica los consejos del Santo: hizo con el compa\u00f1ero de \u00e9ste una sincera confesi\u00f3n de todos sus pecados, puso en orden todas sus cosas y se prepar\u00f3 como mejor pudo a recibir la muerte. Finalmente, se sentaron todos a la mesa. Apenas hab\u00edan comenzado los otros a comer, cuando el due\u00f1o de la casa, con una muerte repentina, exhal\u00f3 su esp\u00edritu, seg\u00fan le hab\u00eda anunciado el var\u00f3n de Dios<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La impresi\u00f3n de las llagas\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Elev\u00e1ndose, pues, a Dios a impulsos del ardor ser\u00e1fico de sus deseos y transformado por su tierna compasi\u00f3n en Aquel que a causa de su extremada caridad, quiso ser crucificado: cierta ma\u00f1ana de un d\u00eda pr\u00f3ximo a la fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz, que se festeja el 14 de septiembre, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo m\u00e1s alto del cielo a un seraf\u00edn que ten\u00eda seis alas tan \u00edgneas como resplandecientes. En vuelo rapid\u00edsimo avanz\u00f3 hacia el lugar donde se encontraba el var\u00f3n de Dios, deteni\u00e9ndose en el aire. <\/strong>Apareci\u00f3 entonces entre las alas la efigie de un hombre crucificado, cuyas manos y pies<strong> estaban extendidos a modo de cruz y clavados a ella. Dos alas se alzaban sobre la cabeza, dos se extend\u00edan para volar y las otras dos restantes cubr\u00edan todo su cuerpo.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>As\u00ed, pues, al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las se\u00f1ales de los clavos, tal como lo hab\u00eda visto poco antes en la imagen del var\u00f3n crucificado. Se ve\u00edan las manos y los pies atravesados en la mitad por los clavos, de tal modo que las cabezas de los clavos estaban en la parte inferior de las manos y en la superior de los pies, mientras que las puntas de los mismos se hallaban al lado contrario. Las cabezas de los clavos eran redondas y negras en las manos y en los pies; las puntas, formadas de la misma carne y sobresaliendo de ella, aparec\u00edan alargadas, retorcidas y como remachadas. As\u00ed, tambi\u00e9n el costado derecho, como si hubiera sido traspasado por una lanza, escond\u00eda una roja cicatriz, de la cual manaba frecuentemente sangre sagrada, empapando la t\u00fanica y los calzones.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00a0La muerte de San Francisco<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada su alma sant\u00edsima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmi\u00f3 en el Se\u00f1or este var\u00f3n bienaventurado.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Uno de sus hermanos y disc\u00edpulos, Jacobo de As\u00eds, vio c\u00f3mo aquella dichosa alma sub\u00eda derecha al cielo en forma de una estrella muy refulgente, transportada por una blanca nubecilla sobre muchas aguas<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>La verificaci\u00f3n de las llagas<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">l emigrar de este mundo, el bienaventurado Francisco dej\u00f3 impresas en su cuerpo las se\u00f1ales de la pasi\u00f3n de Cristo. Se ve\u00edan en aquellos dichosos miembros unos clavos de su misma carne, fabricados maravillosamente por el poder divino y tan connaturales a ella, que, si se les presionaba por una parte, al momento sobresal\u00edan por la otra, como si fueran nervios duros y de una sola pieza. Apareci\u00f3 tambi\u00e9n muy visible en su cuerpo la llaga del costado, semejante a la del costado herido del Salvador. El aspecto de los clavos era negro, parecido al hierro; mas la herida del costado era rojiza y formaba, por la contracci\u00f3n de la carne, una especie de c\u00edrculo, present\u00e1ndose a la vista como una rosa bell\u00edsima. El resto de su cuerpo, que antes, tanto por la enfermedad como por su modo natural de ser, era de color moreno, brillaba ahora con una blancura extraordinaria. Los miembros de su cuerpo se mostraban al tacto tan blandos y flexibles, que parec\u00edan haber vuelto a ser tie<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TweetSan Francisco naci\u00f3 en As\u00eds \u00a0 . El homenaje de un hombre simple (LM 1,1) &nbsp; San Francisco naci\u00f3 en As\u00eds el a\u00f1o 1182, de padres ricos y burgueses, comerciantes en telas, Pedro Bernardone y madonna Pica. 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