{"id":44730,"date":"2019-08-15T22:47:54","date_gmt":"2019-08-15T20:47:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.floracantabrica.com\/?p=44730"},"modified":"2019-08-15T22:47:54","modified_gmt":"2019-08-15T20:47:54","slug":"frases-del-dia-14-8-19","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.floracantabrica.com\/?p=44730","title":{"rendered":"FRASES DEL DIA 14. 8. 19"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/twitter.com\/share?url=http%3A%2F%2Fwww.floracantabrica.com%2F%3Fp%3D44730&amp;count=none&amp;lang=es&amp;via=lorencincoreses&amp;related=Mujerverdosa&amp;text=FRASES DEL DIA 14. 8. 19 - Flora Cant\u00e1brica\" class=\"twitter-share-button\">Tweet<\/a><\/p><p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Milagros de San Francisco de As\u00eds<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;..<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;&#8230;..<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"http:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/image00268.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-34542\" src=\"http:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/image00268.jpg\" alt=\"image002\" width=\"567\" height=\"452\" srcset=\"http:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/image00268.jpg 567w, http:\/\/www.floracantabrica.com\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/image00268-300x239.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 567px) 100vw, 567px\" \/><\/a><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;&#8230;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cap\u00edtulo XXIII<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>C\u00f3mo cur\u00f3 a un cojo en Toscanella y a un paral\u00edtico en Narni <\/strong><\/span><\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Recorr\u00eda el santo de Dios en cierta ocasi\u00f3n algunas varias y extensas regiones anunciando el reino de Dios; lleg\u00f3 a una ciudad llamada Toscanela. Mientras esparc\u00eda la semilla de vida por esta ciudad seg\u00fan costumbre, se hosped\u00f3 en casa de un caballero que ten\u00eda un hijo \u00fanico, cojo y enclenque: hab\u00eda que tenerlo en la cuna, aun cuando, siendo todav\u00eda de poca edad, hab\u00eda dejado atr\u00e1s los a\u00f1os del destete. Viendo su padre la gran santidad de que estaba adornado el var\u00f3n de Dios, se arroj\u00f3 humildemente a sus pies, pidi\u00e9ndole la curaci\u00f3n de su hijo. Consider\u00e1base el Santo indigno e incapaz de tanta virtud y gracia, y rehus\u00f3 por alg\u00fan tiempo el hacerlo. Al fin, vencido por la constante s\u00faplica del padre, hizo oraci\u00f3n e impuso su mano sobre el ni\u00f1o y, bendici\u00e9ndolo, lo levant\u00f3. En el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el ni\u00f1o se puso en pie al instante, sano, y ech\u00f3 a correr de aqu\u00ed para all\u00e1 por la casa ante la mirada gozosa de todos los presentes.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">En otra ocasi\u00f3n, el var\u00f3n de Dios Francisco lleg\u00f3 a Narni, donde permaneci\u00f3 varios d\u00edas. Hab\u00eda en la ciudad un hombre llamado Pedro, que yac\u00eda en cama paral\u00edtico; hac\u00eda cinco meses que hab\u00eda perdido el uso de todos los miembros, de tal modo que no pod\u00eda ni levantarse ni moverse lo m\u00e1s m\u00ednimo; imposibilitado de pies, manos y cabeza, s\u00f3lo pod\u00eda mover la lengua y abrir los ojos. Enterado de que San Francisco hab\u00eda llegado a Narni, mand\u00f3 un recado al obispo de la ciudad para que, por divina piedad, se dignase enviarle al siervo del Dios alt\u00edsimo, plenamente convencido de que la vista y presencia del Santo eran lo suficiente para curarle de su enfermedad. Y as\u00ed fue; pues, habiendo llegado el bienaventurado Francisco a la casa del enfermo, hizo sobre \u00e9l la se\u00f1al de la cruz de la cabeza a los pies, y al punto desapareci\u00f3 el mal y recobr\u00f3 el enfermo la salud perdida.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cap\u00edtulo XXIV<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>C\u00f3mo devolvi\u00f3 la vista a una mujer<\/strong> <strong>y c\u00f3mo en Gubbio san\u00f3 a una paral\u00edtica <\/strong><\/span><\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">A una mujer, tambi\u00e9n de la misma ciudad, que estaba ciega, h\u00edzole el bienaventurado Francisco la se\u00f1al de la cruz sobre sus ojos, y al momento recuper\u00f3 la vista tan deseada. En Gubbio viv\u00eda una mujer que ten\u00eda ambas manos entumecidas, sin poder hacer nada con ellas. Apenas supo que el santo Francisco hab\u00eda entrado en la ciudad, corri\u00f3 a toda prisa a verlo, y con rostro lastimoso, llena de aflicci\u00f3n, mostr\u00f3le las manos contrahechas y le ped\u00eda que se las tocara. El Santo, conmovido de piedad, le toc\u00f3 las manos y se las san\u00f3. Inmediatamente, la mujer volvi\u00f3 jubilosa a su casa, hizo con sus propias manos un reques\u00f3n y se lo ofreci\u00f3 al santo var\u00f3n. \u00c9ste tom\u00f3 cort\u00e9smente un pedacito y le mand\u00f3 que se comiese lo restante con su familia.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cap\u00edtulo XXV<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>C\u00f3mo cur\u00f3 a un hermano de epilepsia o le libr\u00f3 del demonio<\/strong> (101) <strong>y c\u00f3mo en San Gemini liber\u00f3 a una endemoniada <\/strong><\/span><\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Hab\u00eda un hermano que con frecuencia sufr\u00eda una grav\u00edsima enfermedad, horrible a la vista; no s\u00e9 qu\u00e9 nombre darle, ya que, en opini\u00f3n de algunos, era obra del diablo maligno. Muchas veces, convulso todo \u00e9l, con una mirada de espanto, se revolcaba, echando espumarajos; sus miembros, ora se contra\u00edan, ora se estiraban; ya se doblaban y torc\u00edan, ya se quedaban r\u00edgidos y duros. Otras veces, extendido cuan largo era y r\u00edgido, los pies a la altura de la cabeza, se levantaba en alto lo equivalente a la estatura de un hombre, para luego caer a plomo sobre el suelo. Compadecido el santo padre Francisco de tan grav\u00edsima enfermedad, se llego a \u00e9l y, hecha oraci\u00f3n, traz\u00f3 sobre \u00e9l la cruz y lo bendigo. Al momento qued\u00f3 sano, y nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a sufrir molestia por esta enfermedad.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Pasando en cierta ocasi\u00f3n el beat\u00edsimo padre Francisco por el obispado de Narni, lleg\u00f3 a un lugar que se llama San Gemini (102) para anunciar all\u00ed el reino de Dios. Recibi\u00f3 hospedaje con otros tres hermanos en casa de un hombre temeroso y devoto de Dios, que gozaba de buen nombre en aquella tierra. Su mujer estaba atormentada por el demonio, cosa conocida de todos los habitantes de la regi\u00f3n. Confiando su marido que pudiera recobrar la libertad por los m\u00e9ritos de Francisco, rog\u00f3 al Santo por ella. Mas como \u00e9ste, viviendo en simplicidad, gustase m\u00e1s en saborear desprecios que en sentirse ensalzado entre honores mundanos por sus obras de santidad, rehu\u00eda con firmeza complacerle en su petici\u00f3n. Por fin, puesto que de la gloria de Dios se trataba y siendo muchos los que le rogaban, asinti\u00f3, vencido, a lo que le ped\u00edan. Hizo venir tambi\u00e9n a los tres hermanos que con \u00e9l estaban y, situ\u00e1ndolos en cada \u00e1ngulo de la casa, les dijo: \u00abOremos, hermanos, al Se\u00f1or por esta mujer, a fin de que Dios, para alabanza y gloria suya, la libre del yugo del diablo\u00bb. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abPermanezcamos en pie, separados, cada uno en un \u00e1ngulo de la casa, para que este maligno esp\u00edritu no se nos escape o nos enga\u00f1e refugi\u00e1ndose en los escondites de los \u00e1ngulos\u00bb. Terminada la oraci\u00f3n, el bienaventurado Francisco se acerc\u00f3 con la fuerza del Esp\u00edritu a la mujer, que lastimosamente se retorc\u00eda y gritaba horrorosamente, y le dijo: \u00abEn el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por obediencia te mando, demonio, que salgas de ella, sin que oses en adelante molestarla\u00bb. Apenas hab\u00eda terminado estas palabras, cuando sali\u00f3 fuera con tal rapidez, con tanta furia y estr\u00e9pito, que el santo Padre, ante la repentina curaci\u00f3n de la mujer y la precipitada obediencia del demonio, crey\u00f3 que hab\u00eda sufrido un enga\u00f1o. De seguido march\u00f3, avergonzado, de aquel lugar -disponi\u00e9ndolo as\u00ed la Providencia- para que en nada pudiera vanagloriarse.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Volvi\u00f3 a pasar en otra ocasi\u00f3n por el mismo lugar el bienaventurado Francisco en compa\u00f1\u00eda del hermano El\u00edas; enterada la mujer de su llegada, se levant\u00f3 al punto y ech\u00f3 a correr por la plaza, clamando en pos del Santo para que se dignase dirigirle la palabra. Mas \u00e9l se negaba a hablarle, conociendo que era la mujer de la que por divina virtud hab\u00eda arrojado, tiempo atr\u00e1s, al demonio. Ella besaba las huellas de sus pies, dando gracias a Dios y a San Francisco, su siervo, que le hab\u00eda librado del poder de la muerte. Por fin, a instancias y ruegos del hermano El\u00edas, el Santo, confirmado por el testimonio de muchos de la enfermedad que padeci\u00f3 la mujer, seg\u00fan queda referido, y de su curaci\u00f3n, accedi\u00f3 a dirigirle la palabra.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Cap\u00edtulo XXVI<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>C\u00f3mo lanz\u00f3 tambi\u00e9n un demonio en Citt\u00e0 di Castello <\/strong><\/span><\/p>\n<ol>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Tambi\u00e9n Citt\u00e0 di Castello (103) hab\u00eda una mujer pose\u00edda del demonio. Estando el beat\u00edsimo padre Francisco en esta ciudad, llevaron a una mujer a la casa donde se hospedaba el Santo. La mujer estaba fuera y, como suelen hacerlo los esp\u00edritus inmundos, rompi\u00f3 en un rechinar de dientes y con rostro feroz comenz\u00f3 a dar gritos de espanto. Muchos hombres y mujeres de la ciudad que hab\u00edan acudido, suplicaron a San Francisco en favor de aquella mujer, pues, al mismo tiempo que el maligno la atormentaba, a ellos los asustaba con sus alaridos. El santo Padre envi\u00f3 entonces a un hermano que estaba con \u00e9l a fin de comprobar si era el demonio o un enga\u00f1o mujeril. En cuanto lo vio ella, comenz\u00f3 a mofarse, sabiendo que no era San Francisco. El Padre santo hab\u00eda quedado dentro en oraci\u00f3n; una vez terminada \u00e9sta, sali\u00f3 fuera. No pudo la mujer soportar su virtud, y comenz\u00f3 a estremecerse y a revolcarse por el suelo. San Francisco la llam\u00f3 a s\u00ed, dici\u00e9ndole: \u00abEn virtud de la obediencia te mando, inmundo esp\u00edritu, que salgas de ella\u00bb. Al momento la dej\u00f3, sin ocasionarle mal alguno y d\u00e1ndose a la fuga de muy mal talante.<\/span><\/li>\n<\/ol>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Gracias sean dadas a Dios omnipotente, que obra todo en todos. Mas como nos hemos propuesto exponer no los milagros, que, si reflejan la santidad, no la construyen (104), sino, m\u00e1s bien, la excelencia de su vida y su forma sincer\u00edsima de comportamiento, narraremos las obras de eterna salvaci\u00f3n, omitiendo los milagros, que son muy numerosos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TweetMilagros de San Francisco de As\u00eds &#8230; &#8230;.. &nbsp; &#8230;&#8230;.. &nbsp; &nbsp; &#8230;&#8230;. Cap\u00edtulo XXIII &#8230;&#8230;&#8230;&#8230; C\u00f3mo cur\u00f3 a un cojo en Toscanella y a un paral\u00edtico en Narni Recorr\u00eda el santo de Dios en cierta ocasi\u00f3n algunas varias y extensas regiones anunciando el reino de Dios; lleg\u00f3 a una ciudad llamada Toscanela. 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